

FOTOGRAFÍAS DE HAIZEL DE LA CRUZ
La chaya, salud del Pueblo Maya
Texto de Haizel de la Cruz
La chaya es maya, como las mujeres y hombres de la Península de Yucatán, es territorio maya, aunque para algunas personas es solamente una planta que nos quita el hambre y la sed, y es cierto también, pero es mucho más que eso. Se puede preparar en diferentes guisos como tamales y empanadas, además se puede freír con huevo, o sancochada con semilla de calabaza previamente molida; también se puede hacer de ella una bebida con limón o piña, lo cierto es que la chaya es más que una planta comestible.
También hay quienes hacen uso medicinal de esta singular hoja en tés para tratar diversos problemas de salud, como enfermedades respiratorias, problemas en los riñones, gastrointestinales, colesterol y otros tratamientos. Sin embargo, para las comunidades mayas, la chaya es fundamental para la salud no solo del cuerpo, sino para la salud comunitaria, social o colectiva, es decir, para la salud del Pueblo Maya, desde que estamos en el vientre materno hasta que morimos. La chaya nos acompaña en nuestro crecimiento y nosotros a ella, nuestra relación con ella es familiar, es dialéctica como dicen los teóricos. En casa nos enseñan que a las plantas les debemos respeto: si cortamos una rama de ella, sin sentido, nos llaman la atención, nos dicen que a la planta le duele cuando le quitamos una hoja, que es como si a nosotros nos quitarán una parte de nuestro cuerpo, pues ella, al igual que nosotros, está viva, que solo hay que tomar con respeto unas ramas cuando realmente la necesitemos para la comida o para algún tratamiento de salud. Es ahí cuando aprendemos que nuestra vida tiene una relación de complicidad con la tierra, el agua, el viento, los animales y las plantas, esa relación de comunión le da salud al Pueblo Maya.
No obstante, al día de hoy seguimos resintiendo los impactos de la colonización, lamentamos muchos retrocesos en favor de la vida y, sobre todo, con nuestra forma de creer, pensar y relacionarnos con la naturaleza. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando el turismo masivo llega a nuestras comunidades de la Península de Yucatán?; la chaya se vuelve para muchos, y especialmente para empresarios despojadores y abusivos que la comercializan, un producto exótico que se ofrece como comida típica de la zona maya, cuyo objetivo es la derrama económica que les deja explotar estos productos junto con las artesanías y otros patrimonio naturales y culturales, como lo son los cenotes, los sitios arqueológicos, las playas y las lagunas. Esta relación de comunión con la naturaleza a ellos no les interesa.
La chaya aún conserva su sabor en las cocinas mayas, con las tres piedras del fogón, en complicidad con el fuego que envuelve a la leña hasta ser uno mismo, como nosotros con ella. Como mujeres y hombres mayas, aquí seguimos naciendo, creciendo, floreciendo, envejeciendo y rejuveneciendo junto con ella, mostrando así que nuestra vida no acaba con nuestra muerte, que la chaya sigue en estas tierras como seguirá nuestra palabra y nuestra rebeldía agrietando el pavimento del despojo para la salud del Pueblo Maya.