



FOTOGRAFÍAS DE MERCY PORTILLO
Liss Mukul, promotora comunitaria de la herbolaria
Texto de Mercy Portillo
Liss tiene 19 años, lleva 3 años trabajando con plantas medicinales en un centro comunitario de Chacsinkín, Yucatán, donde empezó a trabajar con extractos etanólicos y elaboración de aceites.
Su interés por la chaya comenzó en Chiapas hace como dos años, cuando uno de sus compañeros amaneció con el ojo hinchado. Como estaban en una comunidad lejana, no tenían farmacia cerca y no sabían qué hacer, entonces una compañera de ahí les dijo que la chaya podría ayudarle. Les llevó hacia la planta, le arrancó una hoja y le salió una resina blanca, se la untó a su compañero y más tarde él dijo que ya no sentía malestar ni comezón, así fue como ella comprobó las propiedades medicinales de la chaya.
En otra ocasión, su hermana, que es alérgica a la chaya, tenía un problema en los ojos y ella le propuso ponerle la resina directamente a los ojos, la hermana no quería porque sabía que era alérgica, pero la convencieron, finalmente se la puso y sanó, no tuvo ningún síntoma de la alergia.
Ella había escuchado que también servía para la diabetes, tomándola en jugos, y con otra compañera tomó un taller donde les habló sobre la chaya y les dijo que limpia y desinfecta las heridas, sus propiedades hacen que se cure mucho más rápido. En efecto, hay que saber cómo aplicarla para que no de comezón y también se puede combinar con alcohol para reducir la picazón.
Uno de sus compañeros del grupo es el que se ha dedicado más a la investigación sobre la chaya y él les comparte esta información a los demás compañeros. Ella nos contó que cada tipo de chaya tiene diferentes propiedades que sirven para tratar diferentes padecimientos.
Lo que más le gusta de trabajar con las plantas medicinales es el beneficio que le da a las personas, escuchar que les sirve, cuando la gente le dice que sí les funcionó, es lo que le da las ganas y motivación para seguir trabajando con las plantas.